A mi hija mayor ayer se le salió su primer diente.
Llevaba varios días suelto y provocando sensaciones diversas.
Hasta que comiendo una frutilla se cayó…
Estaba TAN emocionada que parecía dar luz, en una mezcla de orgullo, asombro, curiosidad, expectación, duda, satisfacción.
Una mixtura perfecta y sutil entre la sensación de que algo se fue y la intuición de que algo llega.
Todo junto se agolpaba en su carita y en su cuerpo entero que no dejaba de moverse, en sus ojos llenos de brillo, en su nueva y radiante sonrisa de dientes interrumpidos.
“Mamá te estoy esperando” me advierte ya de noche, mientras termino de dormir a la hermana menor, que se va rápidamente en sueños sólo con fusionar sus mejillas a mis hombros.
“Te voy a esperar un rato despierta- me vuelve a avisar-pásate a mi cama, ya?”
Y una vez juntitas compartiendo almohada me previene de no pasar a llevar su diente, no vaya a ser que el ratoncito no lo encuentre…

Es increíble cómo estos pequeños hitos abren portales…. cual agujerito en su encía, empiezan a crearse espacios psíquicos fértiles y nacientes, a asomarse dudas y tomas de conciencia… en una mente tan chiquita , pero tan amplia como la de ella…

“Con este diente yo ya estaba acomodada a raspar la sandía cuando quedaba poco en la cáscara, estoy un poco nerviosa… ahora no sé si voy a poder hacerlo”
Me confesaba.
“Y si el ratón no sabe que estamos acá en la playa?” Se preguntaba.
“Pero este diente nuevo que va a salir…si se sale ya no va a salir otro más debajo, cierto?”, reflexionaba algo preocupada…
Por alguna razón probablemente más lógica de lo que pudiera pensarse, sus dubitaciones se fueron moviendo a otros temas.
“Cuando yo sea grande grande, ¿tú igual me vas a cuidar desde el cielo?”

“Como yo soy más grande que la Elo, cuando tú y yo nos muramos, ¿la Elo todavía va a estar porque es más chica?”

“Pero a nosotras nos falta harto todavía porque a ti todavía te falta ser abuela y yo tengo q ser mamá”.

“Mamá, si la Rafa fuera tu primera guagüita, ¿nosotras con la Elo vendríamos después?”

Muchas interrogantes empezaban a alojarse y a despertar en ella, mientras los ojitos se le iban cerrando de un sueño y cansancio, que vencían a la excitación recién vivida.

Y yo la escuchaba, y le iba respondiendo, y a la media luz que da el espantacuco la miraba, y la acariciaba y cuchareaba…

“¿Me rascas la espaldita?”, ya un poquito más entregada al descanso.
Un par de minutos y ya dormía….de espaldas sin taparse, de brazos y piernas abiertas como quien vuela libre, dueña del aire, de la noche, del tiempo, del mundo.

Y pensaba lo rápido que ha pasado el tiempo, cómo crece tanto por fuera y por dentro.
Cómo sus cambios corporales se van traduciendo y acompañando también en cambios en su capacidad de pensar la vida, en sus relaciones, en sus cimientos de dudas existenciales y espirituales…

Y me hace pensar también en mi próximo e inminente parto, en lo que requeriré soltar, cual dientes viejos, en los cambios que vienen , en mis propios sustos y agujeritos mentales.
En mi miedo al paso del tiempo.
En mi miedo a la muerte.
En mi encuentro con la muerte cuando dé a luz esta próxima vida.

Pienso en cuando he soñado que se caen mis dientes. Pienso en los recambios, en los traspasos de etapa, en las renuncias y aprendizajes. Pienso en todos los dientes que he perdido, en los espacios que han quedado y cómo se han vuelto a completar de energía y materia.

Pienso en la Amanda, en que su primer diente de leche cae mientras mis pechos van nuevamente llenándose de nueva leche para seguir nutriendo vida.

Y tanto que se mueve con esta caída de dientecito!
Se hace tan presente la conciencia de los ciclos y transformaciones, para todos…

Se hace inminente la conciencia de crecer….en mi hija y en mí…

Y hoy abrió sus ojitos y seguro lo primero que hizo fue revisar bajo su almohada… y se encontró con que ya no estaba el diente… y había una luca y una moneda de chocolate… y partió feliz y chocha a mostrar su tesoro y a contar que “el ratón había pasado!”.
Compartió su moneda con la hermana menor que miraba entendiendo la mitad. Y su luca se la piensa gastar en la feria artesanal.

Y aunque a veces la veo grande, es mi niña pequeña…creciendo cada vez más y cada vez más sabia, sigo aprendiendo tanto con ella…

Dicen que está tan grande…
Pero para mí, siempre será mi pequeña niña de leche….

Soledad Ramírez
Centro Ser Mujer

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