La obsesión por estimular

Autora: Isabel Fernández del Castillo
Fuente: IsabelFernandezdelCastillo.com

De cuando “estimular” es la otra cara de la moneda de “inhibir” o “reprimir”

Cuantas veces hemos escuchado que hay que “estimular” la curiosidad de los niños, su creatividad, o su interés por aprender. También “estimulamos” los partos de forma generalizada con drogas peligrosas, estimulamos la tierra con químicos dañinos para que produzca mas, y así con todo.

Elogio de la curiosidad

No cabe entender el alcance y lo retorcido de esa obsesión sin previamente comprender que se trata de la otra cara de la moneda de algo que ocurre antes.  Casi siempre que pretendemos “estimular” algo que debería suceder espontáneamente, previamente ha habido una inhibición o una represión de un proceso natural, inteligente y autorregulado, que se habría producido solo de no haber intervenido, dirigido, manipulado, forzado o intentado adelantar.  A veces también intentamos “enseñar” habilidades que se adquieren por iniciativa propia:  cuantas veces enseñamos a andar a los bebés antes de que éstos estén maduros para ello y en condiciones de tomar esa iniciativa;  en cuantos casos no dejamos mover a los niños para que no se lastimen, no se ensucien o no molesten, siendo que la motricidad espontánea, el desarrollo y el aprendizaje van de la mano.  Cuantos niños tienen “problemas de aprendizaje” porque nos empeñamos en forzar la marcha.

Podría poner tropocientos ejemplos de cómo el mundo adulto inhibe, manipula, reprime, malinterpreta y directamente no entiende lo que está sucediendo ante sus ojos.  Luego tiene que intervenir para arreglar el desaguisado, “estimulando”.

Todo lo que está regulado por la naturaleza tiene inteligencia intrínseca, un ritmo propio y unas condiciones propicias para que suceda. El mundo adulto, con su mirada excesivamente racional, mecanicista y productivista, en muchos casos tiene un problema grande de falta de confianza en la naturaleza, de falta de observación, de falta de humildad, de déficit de atención plena y de hiperactividad para intentar que pase a toda costa y lo antes posible lo que  debería ocurrir de forma espontánea y en su momento.  Necesitamos cambiar la mirada, observar más, intervenir menos, intuir más, manipular menos, favorecer mas, estimular menos, respetar más, interferir menos, confiar más, acompañar más,relajarnos más, amar más.  Quizá así comprenderíamos mejor nuestro verdadero papel, ese que solo nosotros podemos hacer, ese que el mundo necesita que hagamos.

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