puerperio y maternidad consciente

Autora: Blanca García
Fuente: Crianza En Flor

Hace 3 años escribí:

 

“Sumergiéndome.

Sumergiéndome a lo profundo de estas aguas.

Sumergiéndome esta vez un poco más consciente de mi misma.

Sumergiéndome esta vez un poquito más sabia ¿será que llego más profundo?”

 

Cuando lo escribí estaba iniciando un segundo puerperio, mi hijo tenía 5 días de nacido.

 

Y aquí estoy, 3 años después, con la vivencia de dos puerperios en el cuerpo y en el alma, una hija de 7 años y un hijo de 3 años. Un poco más sabia me pregunto ¿Habrá algo más desafiante en la vida de una madre que ser puerpera?

 

Puérpera, puerperio. La palabra puerperio viene de los vocablos latinos puer (niño) y peri (alrededor de), lo que viene a significar periodo alrededor del niño. Antes ni siquiera había escuchado la palabra. Tan tabú, tan silencioso, tan solitario que es este periodo en nuestra cultura. Descubrí lo que era al parir a mi hija, hace 7 años atrás, cuando lo vi estallar en mi cara, cual bola de nieve que venía montaña abajo. Descubrí que era sentirse entre la iluminación y la locura, con el cuerpo cambiado (otra vez), y una hija que necesitaba de mí para sobrevivir. Suena obvio al escribirlo, incluso trivial, las palabras jamás alcanzarán para describir lo que es estar invitada al mayor viaje de poder y autoconocimiento que la vida puede regalar. Y que no dura 40 días, ni 6 semanas, dura alrededor de 2 años, hasta cuando el niño comienza el desarrollo de su ser individual. Ahora lo sé. Es el tremendo viaje y venero a cada mujer que lo está viviendo.

 

Y como decía, aquí estoy 3 años después de iniciar un segundo puerperio en que me preguntaba “¿Será que llego más profundo?”. ¿La respuesta? Llegué más profundo, gracias a que se inició con un parto placentero que me dejó plena, esta segunda vez corrí con ventaja de la mano de la fisiología. Llegué más profundo, al punto de sentirme segura de mi misma, con alta autoestima, sin miedo a equivocarme, confiada en que siempre puedo reparar, libre de habitar/amar mi nuevo cuerpo, abrazando mi historia familiar, apapachando a la niña que fui, y comprendiendo que estoy llena de fallas que no me da miedo mostrar. Fue profundo el viaje, desafiante siempre, agobiante a ratos y lleno de poder personal.

 

Pero ¿les digo algo? Llegué tan profundo que descubrí un nuevo paisaje. Un espacio de cuerpo y alma en el que estoy muy a gusto. Así que esta vez no emergeré de las aguas del puerperio, esta vez me quedo aquí en lo profundo. En esta profundidad, en este estado entre la iluminación y la locura, soy quien fui y soy quien quiero ser.

 

Hoy y aquí, me declaro en estado de puérpera eterna.

 

Blanca García

Fundadora/Directora de Crianza En Flor

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