Reflexión del día de la mujer

Autora: Blanca García

Fuente: Crianza En Flor

El Día Internacional de la Mujer no se celebra, se conmemora.

Es un día que me sirve para reflexionar no en la necesidad de igualdad (no necesito ser igual a otro), sino en la necesidad de justicia (recibir lo que necesito para vivir).

Es un día que me recuerda la urgencia histórica de la reivindicación de nuestros derechos/necesidades laborales, sociales, sexuales y reproductivos.

Es un día que me conecta profundamente con las manifestaciones de mi sexualidad: menstruar, hacer el amor, gestar, parir, amamantar.

Es un día que me recuerda que nací en una sociedad que ha buscado dormir mis manifestaciones sexuales y que he tenido que trabajar mucho para mantenerlas medianamente despiertas. Me refiero a:

– Desde que llegó mi menstruación los comerciales me han dicho que es algo que tengo que ocultar, que está perfecto que no se note en los jeans ajustados o pantalones blancos, que en televisión mi sangre menstrual es azul (entonces es mal visto que sea roja). Desde que fui al ginecólogo por primera vez, me hablaron exclusivamente de anticoncepción sintética, de acallar/olvidar mi fertilidad en vez de conocerla/adueñarme de ella. El “método natural no es efectivo” decían, “no es efectivo porque no conocemos nuestro cuerpo” decía yo.

– Desde que hago el amor (y antes) me inundan las imágenes que provienen de un concepto de mujer objeto, esas que transmiten en sus propagandas las cervezas o que ilustran los programas juveniles. Ni hablar del porno. Ni de los reality show. Ni de la sensación de ir por la calle, a los 13 años, con mi jumper escolar y que un hombre desconocido me tome por el poto y diga a mi oído “Estai rica para chuparte”.

– Desde que me embaracé la primera vez, me tocó escuchar a las 6 semanas de gestación a un obstetra que me dijo “Tómate todos estos medicamentos porque no están de más”, “Tu fecha probable de parto es 2” (un jueves) cuando en realidad era el 4 (un sábado), “Eres pequeña y delgada así que esto será cesárea por seguridad”. Y desde antes ya era víctima de la Isapre que me cobraba más y me cubría menos por ser mujer y por optar a un plan “con útero”. Y desde siempre era víctima de un sistema laboral que, meses después, me exigiría separarme de mi hija para trabajar, ser productiva y “desarrollarme”.

– Desde que parir se convirtió en una manifestación sexual inevitable en mi vida, fue un tiempo de dar tumbos hasta encontrar a un equipo que confiara en que parir era normal. Encontrar acompañantes que supieran, igual que yo, que así como estaba hecha para menstruar, estaba hecha para parir. Fue difícil, a mi alrededor nadie hablaba ese idioma, estaban adormecidos. Y luego, mientras paría me tocó lidiar con los temores del condicionamiento cultural, con la violencia obstétrica y con la sobredosis de imágenes, ejercicios, posturas e ideales del “parto natural”.

– Desde que amamanto que los tarros de leche de vaca han pasado ante nuestras vidas. Estaba embarazada aun cuando mi papá dijo “Compren un tarrito por si acaso no tienes leche”. Estando recién parida en la clínica, una matrona, en vez de ofrecerme ayuda para corregir la postura, me dijo “Tus pezones están irritados, le damos un suerito y se quedará tranquila”. Cuando fui a la primera consulta pediátrica, con una profesional que se declaraba pro lactancia, había tarros en el mostrador a su espalda. Y bueno, la opinión popular es poderosa y está en todos lados: “10 minutos por lado y que espere 3 horas”, “Señora, aquí no es la sala de amamantamiento, puede ir al baño”, “Podría taparse”, “Después de los 6 meses le sale agua”, “Después del año es vicio”, “¿Y te sale leche?”, “Que lata encerrarse en un baño a sacarse leche, es mejor que le metas leche de tarro luego”, “No le digas nada, si es talibana de la teta”, “¿Hasta cuando va tomar?”, “Si amamantas embazada vas a abortar”, “Si amamantas a los dos hijos, se acaba la leche para el más chico”. Esta opinión popular es poderosa, y aunque estoy super informada, me ha insegurizado varias veces y me ha hecho sentir sola otras millones.

Es un día que me hace estar más consciente de las manifestaciones sexuales de todas. Del largo camino que nos toca por recorrer. De la urgente necesidad de informarnos, de conocer nuestra sexualidad, de vivirla placenteramente en todas sus manifestaciones, de ejercer poder verdadero en nuestros cuerpos/mentes/espíritus, de vivir libre de miedos (nos atemorizan por todos lados, así somos más sumisas parece), de dejar de sentirnos víctimas y comenzar a ser protagonistas. Y de soñar que cada paso que damos, que cada cambio mínimo que hagamos en nuestras vidas, será un aporte poderoso para nuestras hijas, hijos, nietas, nietos, bisnietas y bisnietos.

Blanca García

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